Yo era feliz
jugando a mil cosas
en esa soledad
jugando a mil cosas
en esa soledad
que venía de atrás,
de esos otros que como yo
soñaron el mundo
antes de que yo fuera
un niño maravillado de la vida
corriendo por los campos cubiertos
de dientes de león.
Pasó el tiempo y la soledad
me abrió los ojos
a la mirada de ella.
La infinita mujer
de ojos expectantes
que me miraba
desde el amor
y que yo ya intuía en mí.
Le respondí con besos
sus miradas,
la colmé de posibilidades,
de recuerdos para sus suspiros.
La soledad
que era solo mía
se llenó de su universo.
Descubrí la dicha de no estar solo,
de soñar entre dos,
de saber que la eternidad
está siempre en las estrellas
de una mirada enamorada.
Pero el amor en que me miraba
era un espejismo,
un reflejo de mi soledad.
No había ella,
no había mirada,
soñaron el mundo
antes de que yo fuera
un niño maravillado de la vida
corriendo por los campos cubiertos
de dientes de león.
Pasó el tiempo y la soledad
me abrió los ojos
a la mirada de ella.
La infinita mujer
de ojos expectantes
que me miraba
desde el amor
y que yo ya intuía en mí.
Le respondí con besos
sus miradas,
la colmé de posibilidades,
de recuerdos para sus suspiros.
La soledad
que era solo mía
se llenó de su universo.
Descubrí la dicha de no estar solo,
de soñar entre dos,
de saber que la eternidad
está siempre en las estrellas
de una mirada enamorada.
Pero el amor en que me miraba
era un espejismo,
un reflejo de mi soledad.
No había ella,
no había mirada,
solo yo:
yo y mi soledad
jugando a no estar solos...
yo y mi soledad
jugando a no estar solos...