La
fascinación
por
lo que somos,
pensamos y soñamos;
saber
de memoria
los deseos del otro,
los deseos del otro,
llevarlos
en la mirada
y en la piel;
y en la piel;
ser
nosotros
aún cuando el otro no esté;
aún cuando el otro no esté;
gozar cada instante de los dos;
convertir
nuestra piel
en eternidad;
en eternidad;
saber
que la
felicidad nos espera
a
la vuelta de cada mirada,
de cada
mañana
y en el momento más inesperado
ser
tú y yo, solo tú y yo...siempre;
encontrarnos
en los sueños,
en
el silencio y en la luz;
adorarnos
cada día
como
si fuera la primera vez,
como
si fuéramos
todo el amor del mundo
contenido
en dos cuerpos enamorados:
eso
es adamar.

