Melancolía
y tristeza
corren por mis venas.
Hay restos
de una tarde de sol primaveral
perdidos entre mis ausencias.
Unas ganas de llorar
se despiertan cuando abro los ojos
para verla ya ciego de ella.
Se aparece en el olvido
su imagen
que no se decide a irse
y en medio de todo
está este silencio desesperado
que no es más
que la nada llamándome,
diciéndome que ya está bien,
que deje que el nunca más
llueva irremediable sobre los dos.
Mientras
otro igual a mí se aleja.
Y no sé si va
tras una quimera
o le dice adiós a los sueños.
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