Saber
que ciertos ayeres no volverán
-esos
que llevaban su risa,
que
me llenaban de besos,
esos
que dejaban su nombre
por
todo mi cuerpo-;
saber
que nada vuelve,
que
somos pasajeros,
que
no somos dueños de nada,
ni
de nosotros mismos,
que
los sueños se pierden en el silencio,
que los recuerdos
ya no son lo que una vez fueron,
cubren
mis días de una vaga melancolía,
de atardecer irremediable.
de atardecer irremediable.
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